Nació en un pueblo de Caravia hace 65 años, cuando lo que se esperaba de una
mujer no iba más allá de las cuatro paredes de su casa. Así que, como era
habitual en la época, Bernardita Caravera Bada, más conocida como Tita, se
casó joven y joven tuvo a sus tres hijos. No pudo estudiar, algo que le
hubiera gustado. Pero siempre mantuvo despiertas sus inquietudes. Al final,
logró licenciarse en la vida que no se enseña en los libros, esa que se
lucha y reivindica a pie de calle.

A día de hoy, Tita Caravera es una de las veteranas del movimiento vecinal
gijonés, en el que se ha ido involucrando de forma muy diversa a lo largo de
los años. El pasado 10 de junio, hace poco más de una semana, volvía a la
primera línea de fuego, como nueva presidenta de la asociación de vecinos de
La Arena. Su antecesora en el cargo, Julia Rodríguez, decidió que ya era el
momento del relevo y ella dio un paso al frente para seguir tirando del
barrio.

«Queda en buenas manos», auguran quienes han trabajado por La Arena durante
estos últimos años. El movimiento ciudadano anda escaso de candidatos que
quieran coger el testigo de las asociaciones que han convertido Gijón en una
de las ciudades más participativas del país. A Tita, sin embargo, no le
asusta la responsabilidad, que asume como una faceta más de la actividad
asociativa. Su determinación le ha evitado a los vecinos de La Arena el
problema, tan generalizado, de la renovación.

«Las mujeres deben quitarse el complejo de incapacidad y asumir actitudes de
liderazgo en las juntas directivas», se le ha oído decir en más de una
intervención pública. Caravera ha practicado con el ejemplo. En la
candidatura que presentó a las elecciones vecinales de La Arena le acompañan
Amador Álvarez, María Ángeles García, Agustina Rodríguez, Manuela Acebal,
Emilio Parajón, Faustino García y Araceli Fernández. Una mayoría femenina
impensable no hace tantos años.

La nueva directiva de La Arena inicia mandato con una nueva alcaldesa y un
nuevo partido al frente de la ciudad. Tita Caravera es mujer de izquierdas,
pero afronta la llegada de Foro Asturias al gobierno municipal sin
prejuicios ideológicos, confiando en que el Ayuntamiento deje la puerta
abierta a la participación ciudadana. Su objetivo es velar por los intereses
de La Arena, esté quien esté en el poder. En el barrio, los que mandan son
los vecinos.

La única militancia de la que hace bandera Tita Caravera es la feminista. Su
trayectoria habla por sí sola. Los cargos que ha desempeñado en el
movimiento vecinal gijonés casi siempre han estado relacionados con las
vocalías de la mujer. En El Coto, primero. En la Federación de Asociaciones
de Vecinos (FAV) de la zona urbana, después. Y más tarde, en Mujeres
Vecinales de Asturias. En la actualidad, preside la asociación «La
Xabuguina» y es miembro del Consejo de Mujeres de la ciudad.

No se sabe si surgió primero la dirigente feminista o la vecinal, pero
quienes dicen de ella que «tiene mucha experiencia en esto» hablan con
conocimiento de causa. Entendiendo por «esto» todo lo que implica la lucha
ciudadana por las necesidades de la vida cotidiana y por los derechos más
elementales. Sus compañeros de trasiegos reivindicativo la definen como «una
persona muy comprometida», que llega a la presidencia de la asociación de
vecinos de La Arena «sabiendo lo que se trae entre manos».

También destacan su capacidad de trabajo, su sentido de la responsabilidad y
que «tiene cintura para el movimiento vecinal». Cintura que ha ido
esculpiendo desde sus primeros pasos en la asociación de padres del colegio
donde estudiaban sus hijos. Los chiquillos de entonces le han dado
nietos -Jorge, de 9 años, y Roberto, de 6-, así que ya ha llovido…

Jorge reside en León. Pero con Roberto, que sí vive aquí, ha tenido que
echar una mano. Cuentan que «sólo se apartó del movimiento vecinal para
hacer de abuela». A tiempo parcial, puntualiza Tita Caravera cuando sale el
tema. Quiere decir con la aclaración que su caso no es el de la abuela
esclava, tan frecuente en la sociedad moderna. La ayuda que ella presta le
permite disfrutar plenamente de las horas que le dedica a su nieto.

Desde el viernes 10, en su día a día también le reserva tiempo a la
asociación de La Arena, un colectivo con 1.040 socios. El tiempo que los
líderes vecinales invierten en sus respectivos barrios es desinteresado pero
no siempre agradecido como debiera. Para Tita Caravera es algo casi
vocacional, que tira. Será porque está convencida de que es posible una
realidad mejor, y no se cansa de buscarla.

COMPROMETIDA DE VOCACIÓN

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